Mi año 2020 en el vivero de ACOPE

Desde prisión, aunque hemos sido meras espectadoras, la pandemia ha supuesto un dolor añadido al de la condena. El miedo al contagio, la constante preocupación por los nuestros y la sensación de impotencia y soledad han sido más abrumadoras que en años anteriores.

Comencé a trabajar en el vivero* de Acope hace ya 14 meses y ha marcado un antes y un después en el cumplimiento de mi condena. Aparte de estar ocupada, muy importante cuando estás presa, he aprendido y disfrutado a la vez, no sin sufrir altibajos puntuales y salvar pequeñas trabas cotidianas.

El vivero lo formamos un grupo de mujeres muy distintas, por lo que cada día supone un reto añadido, ya que todas cargamos nuestra mochila emocional. Pero a pesar de todo, existe unión y armonía durante la mayoría del tiempo que pasamos juntas en el vivero.

El trabajar en un espacio al aire libre, en contacto con la naturaleza, te hace sentir viva y en libertad. Te sientes afortunada en tu encierro y, sobre todo, eres una privilegiada en estos tiempos que vivimos de enfermedad, pobreza y desocupación.

El confinamiento, tiempo en el que las monitoras no podían entrar en la prisión, nos hizo ser responsables, tomar decisiones de manera autónoma, equivocadas a veces, y unirnos más en la mayoría de las ocasiones. Aunque también tuvimos que aprender más que nunca a ser y crecer como un grupo, el equipo que ahora somos.

Afortunadamente, esta situación límite duró solo tres meses. En julio volvió todo, más o menos, a la normalidad. Volvieron nuestras monitoras y nos dijeron que habíamos conseguido mantener el vivero a flote. Estaban contentas con nuestro esfuerzo y nosotras también.

El vivero requiere dedicación y, sobre todo, poner muchas ganas, que a veces flaquean en este medio hostil que es la prisión. A veces, por las inclemencias del tiempo se hace más cuesta arriba, pero es gratificante observar día a día los frutos de nuestro trabajo, sobre todo, cuando, como yo, no tenías ni idea de jardinería.

A día de hoy me siento muy satisfecha, sé un poco más, he superado conflictos, he trabajado duro y, lo esencial, he conocido a personas muy valiosas y estupendas que me han ayudado y enseñado, han tenido paciencia conmigo y me han arropado en los momentos difíciles. Por todo ello, gracias a mis monitoras y al equipo de voluntarias de Acope y al abogado Ángel.

Ojalá tengamos todas un tranquilo y feliz 2021.

E. (Mujer presa en la prisión de Madrid I [Alcalá Meco-mujeres] y participante en el vivero de ACOPE)

 

*Proyecto apoyado por la #ConvocatoriaONG de Bankia y la Fundación Montemadrid

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