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Viaje a la playa: un permiso único e inolvidable

La cuarta semana de junio volvimos a la playa. Esta vez, salíamos hacia La Manga cuatro voluntarias de Acope junto a siete mujeres que cumplen condena en Meco y una que lo hace en Brieva (Ávila).

Para muchas de ellas, el viaje sumaba una emoción extra: era su primer permiso penitenciario. Salían, por ello, sin un teléfono listo para realizar esa primera y tan esperada llamada a la familia después de tanto tiempo. A pesar de ello, todo fueron anécdotas divertidas, sonrisas y buenas palabras al inicio del viaje. El segundo día, ya todas con su teléfono y habiendo contactado con todos sus familiares, comenzaron las verdaderas vacaciones.

Como en años anteriores, la semana estuvo marcada por momentos de convivencia y disfrute: días de playa, comidas compartidas, piscina, cine casero, la excursión a Cartagena, los mercadillos y los inevitables helados. Hubo confidencias, conversaciones con la familia, risas y lágrimas compartidas,  y hasta hogueras y bailes por San Juan. Sin embargo, a pesar de planificar la semana de manera similar a la del año anterior, la experiencia siempre es única y diferente cada vez.

De este año nos llevamos la sensación de haber conocido mujeres excepcionales, hermosas por fuera y por dentro. Hemos vivido un ejemplo de convivencia basada en el respeto al diferente, en la mano siempre tendida para ayudar, en la paciencia para esperar a las que andaban más despacio, para que nadie quedara atrás en disfrutar la experiencia.

Ojalá que tanto las voluntarias como las mujeres de permiso hayamos regresado con la mochila llena de recuerdos capaces de emocionarnos y de dibujarnos una sonrisa cada vez que volvamos a pensar en ellos.