Mi voluntariado en ACOPE

Queremos compartir contigo la experiencia de una voluntaria de los talleres de prisión:

“Desde mi época de estudiante, allá por los años 90, estuve interesada en el mundo
penitenciario, iniciando mi voluntariado en la cárcel de Meco en un módulo de
hombres. Más tarde, pasé cuatro años en la cárcel de Valdemoro, en un módulo
terapéutico, también masculino. Hace un año, inicié mi andadura por las cárceles de
mujeres con ACOPE. Toda la experiencia anterior, aquí, no sirve para nada.

Las cárceles de mujeres te llevan a un mundo de dolor, desesperanza y soledad. Mucha
soledad. Las mujeres se preocupan, nos preocupamos, por cuestiones que no he visto en
las cárceles de hombres. Ser mujer, madre, hija, compañera, te reconoce en sus palabras
cuando las escuchas en las sesiones del fin de semana.

Los vínculos que poco a poco y con mucha presencia y constancia vas generando con
las mujeres, son un regalo para cualquier voluntaria de la asociación. Entrar un domingo
por la mañana en el módulo, sentir su cariño, llamarlas por su nombre y escuchar sus
penas y pocas alegrías, es una experiencia que engancha y compromete a partes iguales.
Las mujeres en la cárcel lloran y se ríen por cosas muy parecidas a las que nos mueven
estando fuera de los muros de una prisión. Sus hijos, sus padres, sus maridos, el dinero,
el trabajo,… ¡tenemos tanto en común!

Hay sesiones en las que no he podido evitar emocionarme por lo que cuentan y por lo
cerca que me siento de ellas. Cualquiera podría pensar que al entrar en una prisión vas a
dar y lo único que hacemos es recibir, todo el rato.

En ACOPE, te forman con cursos específicos acerca de la asociación, de su filosofía y
su trayectoria, así como de la realidad de las mujeres privadas de libertad. A partir de
aquí te acompañan y te dan amor a partes iguales, en poco tiempo sientes que formas
parte de una familia. Ahí nace el respeto por todas y cada una de las personas que
trabajan muy duro por hacer que esto siga adelante, a base de tiempo, dedicación y
compromiso, mucho compromiso. Aún resuenan en mi cabeza las palabras de Mar,
voluntaria de ACOPE, cuando nos impartió una sesión de los cursos: “No somos
voluntarias, somos activistas” y así es, colaborar con las mujeres en prisión te
convierte definitivamente en una activista, con todo lo que implica esa palabra. Eso
somos: activistas en ACOPE, intentando que el mundo sea un lugar un poco más bonito.
¿Te apuntas a esta aventura?

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